Alimentando
nuestro Sistema Inmunológico
Nuestra vida emocional repercute directamente sobre nuestro Sistema Inmunológico por lo que estar sanos dependerá en gran parte de tener una actitud optimista. A lo largo de nuestros días se nos despiertan decenas de emociones: la ira, la tristeza, la alegría, el miedo, el amor, la sorpresa, la culpa y la vergüenza, por citar algunas de las más habituales. Cada una de ellas se experimenta con múltiples matices e incluso, en ocasiones, se combinan entre si. Toda emoción genera reacciones físicas que consideramos normales y hasta necesarias, pero el problema aparece cuando se prolongan en el tiempo o se nos despiertan con una intensidad tan alta que, de hecho, provoca enfermedades orgánicas.
Con la Miel no solo endulzamos nuestros postres, sino que prevenimos infecciones gracias a sus importantes propiedades antisépticas, expectorantes, vigorizantes y cicatrizantes. Es un alimento único a la hora de recuperar la energía perdida durante una enfermedad.
Nuestro cuerpo necesita de azúcares para mantener la respuesta inmunitaria, por eso los jugos de frutas nos aportan esos carbohidratos que nos protegen de los resfriados. Jugos cítricos a base de limones, naranjas, toronjas, mandarinas, etc. son ricos en vitamina C, antioxidantes, ácidos cítricos y aceites esenciales de acción antiséptica, depurativa y revitalizante, que mejoran las mucosas y estimulan las defensas.
Respecto a las hortalizas y verduras: el atractivo color verde del Brócoli nos aporta isotiocianatos, folatos y vitamina C, coctel perfecto para prevenir infecciones y potenciar nuestras defensas. Los tomates son un excelente antioxidante que fortalece las paredes celulares de los tejidos y la piel, a la vez que actúa como depurador de toxinas; aporta altos niveles de vitamina A y C, mientras que las zanahorias actúan como una fuente de betacaroteno precursores de la vitamina A. Ambas hortalizas protegen la mucosa de la garganta y los pulmones.
Una buena digestión es sinónimo de un buen sistema inmunitario, por eso los lácteos fermentados, con sus altos contenidos en probióticos y bacterias que repueblan nuestra flora intestinal, son imprescindibles para fortalecer la primera defensa inmunológica de nuestro cuerpo.
No resulta fácil gestionar como nos sentimos, pero si cuidamos nuestra dieta e ingerimos productos naturales que nos aportan nutrientes y potencian nuestro sistema inmunológico, no cabe duda que nuestro día a día será más placentero, alejados de la enfermedad.